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En la consagración nada debe interrumpir, el altissimum silentium. Las oraciones o jaculatorias de los fieles (tales como «Señor mío y Dios mío», recomendada por San Pío X, y otras) deben decirse, ante la grandeza inefable del mysterium fidei, más bien, en el interior del corazón.

Autor: admin

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