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“Mi hogar está donde Él está”

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Por Melissa Lozano
Boletín Bicentenario – Marzo Abril 2015

 

Hace algún tiempo una amiga muy sabia me explicó que el plan de Dios en nuestras vidas sólo lo podemos ver cuando volteamos hacia atrás, cuando vemos cómo se acomodan las cosas hasta llegar al día de hoy.

He formado parte de la comunidad de la parroquia desde hace 12 años aproximadamente y creo que hasta hoy me doy cuenta de la trascendencia  que Don Bosco ha tenido en mi vida.

Estos últimos meses han sido una travesía, me encuentro actualmente en Verona, Italia, realizando un intercambio estudiantil. Estar a tantos kilómetros de mi casa, mi familia y mis amigos me ha llevado a aprender muchas cosas nuevas. Nunca pensé que estando tan lejos del lugar donde se formó mi fe me sentiría tan cerca de Dios. Tampoco pensé que Don Bosco fuera a ser el protagonista, o más bien guía, de una de las mejores experiencias que he tenido hasta hoy.

El inicio de esta experiencia comenzó en la Parrochia di San Giuseppe fuori le Mura, era la primera iglesia a la que entraba aquí en Verona. Realmente la encontramos por casualidad y decidimos asomarnos para ver los horarios de las misas. Para mi sorpresa, al abrir la puerta de la derecha estaba frente a mí una figura de Don Bosco. Recuerdo que me quedé pasmada tapando la entrada a mi amiga Mony (que venía detrás de mí). No podía creerlo, de todas las iglesias, de las 3 puertas, de todas las demás opciones que pude haber tomado, ahí estaba yo otra vez frente a ese rostro tan familiar, Don Bosco.

San Juan Bosco ha sido mi parroquia desde los 9 años, Don Bosco se ha convertido en un símbolo de mi hogar. Por lo tanto creo que no hubo una mejor manera que Dios pudiera usar para explicarme que aún a 9.502,68 km (sí, lo investigué) de mi casa, mi hogar está donde Él está, es decir a donde yo vaya.

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Para la Semana Santa decidimos realizar un viaje y conocer tres ciudades de Italia. La primera fue Turín, ciudad natal de Don Bosco. En la parte del frente de la Basílica se encuentra una estatua de nuestro patrono, una vez más no pude evitar sentirme en casa al verlo. Creo que si eligiera una palabra para describir cómo me sentía sería “bienvenida”, como si me estuviera esperando ahí en su casa a que lo visitara.

Caminar por el oratorio, la basílica y el cuarto de Don Bosco (que ahora es un museo), fue una experiencia que aún no termino de describir. Mientras caminaba me imaginaba a Don Bosco con los jóvenes del oratorio caminando por los pasillos,  teniendo sus juntas con los demás sacerdotes, o sentado en su escritorio donde escribió tantos libro. Al mismo tiempo no podía evitar pensar en nuestra comunidad, nuestros sacerdotes. Es exactamente lo mismo, el legado de Don Bosco sigue presente: una comunidad que encuentra a Dios a través de la alegría.

 

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Además de estas bellas experiencias, el culmen de mi viaje fue el Jueves Santo cuando decidimos regresar a la Basílica de Ma. Auxiliadora una vez más antes de terminar nuestra estancia en Turín. Sabía que habría alguna especie de velada de oración, pero no estaba segura de cómo sería. La más grande sorpresa que tuve fue cuando me percaté que el Santísimo en vez de ser colocado en el altar principal donde se llevan a cabo las misas, estaba colocado en el altar que se encuentra en la parte lateral derecha del templo, el altar donde se encuentran los restos de Don Bosco. Así que ahí estaba yo, hincada, haciendo oración frente al Santísimo y a las reliquias de Don Bosco. Siempre he pedido su intercesión, pero estar en ese lugar frente a él era como si los dos estuviéramos contemplando a Jesús juntos, orando juntos.

Creo que me he sorprendido a mí misma platicando aquí en el extranjero sobre la parroquia y sobre Don Bosco más veces de las que me imaginaba hacerlo. La verdad es que somos una comunidad llena de bendiciones y la principal es tener como patrono a San Juan Bosco, quien con su ejemplo no ha hecho más que guiarnos hasta Dios de todas las formas posibles.

Los invito a reflexionar un poco así como yo tuve la oportunidad de hacerlo, y ver la trascendencia del ejemplo de este Santo en nuestras vidas. Además de valorar lo que significa para cada uno de nosotros formar parte de la parroquia, para que al final descubramos que estar ahí nos ha llevado a estar más cerca de Dios.

 

 

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